La tormenta

La carne está lista, el anzuelo, la presa, espera a ser devorada por un mar de cristal.

Sin remordimientos serás devorado, apartado de la naturaleza que te vio nacer.

Esclavo de chips, papeles vacíos y cifras que no conducen a ningún destino, el tiempo se quiebra y repite cada día.

Apartado del camino, estirado como chicle, exprimido como limón, debes producir dinero manchado de sufrimiento.

Estás aferrado a nada, en bucle infinito, martilleas las teclas del ordenador, aquí no hay nada, levanta.

Sonríe y finge, estaré esperando para fustigarte pero no sentirás placer.

Contagiado por la fiebre de no ser nada, palabras que son migajas para distraerte.

Tus pasos son fríos, tus pies llenos de barro, un sendero infinito de árboles en la fría noche.

Te llevaré al mar, a la tormenta y tus manos se aferrarán a las cuerdas hasta sangrar.

Sangrar hasta morir, sangrar hasta vivir, purgando tantas horas sin sentido bajo las luces artificiales.

Naciste para nadar, recorrer y ser poderoso, sin importar las cicatrices que cada tormenta deja.

El viento te recorre, cambia tu mirada, la tempestad sacude tu vida, ya está aquí.

Mantente fuera, en la tormenta la lógica no existe, aquí eres vapor y agua, a merced.

Cambiarás o sucumbirás, debes dejarlo, escucha las voces, naciste en la tormenta, regresa.

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